
Por si aún no os habíais dado cuenta está llegando el frescor y con él las ganas de estar calentito, con la manta y cerca de la chimenea, estufa,... os aviso de las consecuencias que puede tener acercar los pies al brasero más de lo necesario:
Olía a goma quemada... ¿qué está pasando? Óptica! mis botas! desenchufa el brasero disimuladamente, espera a que se enfríe y se haga la hora del descanso, cuando han salido todos limpia los restos de suela que se han quedado pegados en el suelo al derretirse y también los del brasero, el nene por allí danzando... ¿qué pasa? nada nada, se me ha caído una cosa, mira, allí están tus juguetes... maemía que vergüenza (roja como un tomate)... parece que vuelven, disimula normalidad y reza para que nadie se dé cuenta... parece que no se han enterado... uufff... menos mal. Por suerte nunca nadie me habló de aquel extraño incidente a media tarde y las botas fueron a parar al fondo del armario. Hoy, tres años después, creo que ya merecen cambiar de ubicación.
Feliz semana!
1 comentario:
jjjjj. Esa historia es MUY GRANDE. Y sí, yo también creo que se van mereciendo otra ubicación.
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